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martes, 25 de septiembre de 2012

APERTURA’12: ABURRIMIENTO SUPINO


Sé que soy injusto y que lo más seguro es que me podría guardar ese comentario para mí solito. Me consta también del esfuerzo que están realizando los galeristas para dinamizar un mercado enterrado por lo menos ya hasta media altura. Y sé, porque no hay que ser un lince, que la subida del IVA, junto con la falta de ventajas fiscales en la compra de arte contemporáneo, puede terminar por mandar al hoyo al entramado galerístico en un plazo más que corto.

También se, y sabemos, que los ánimos están más que quemados y que todas las promesas que quisimos ver hará unos cuantos años no hacen más que darse de bruces contra una realidad tan sabida y resabida y que poco más me queda por decir.

Frente a esta situación de gameover generalizado, es de aplaudir iniciativas como esta del pasado fin de semana de “Apertura”. Ganar espacio, ganar en publicidad, concentrar para ser más fuertes, aunar esfuerzos en pro de un beneficio común. Todo lo que tú quieras.

Parto de que es una iniciativa del todo necesaria y que este texto no trata de diseccionar los efectos del arte en el ciudadano medio –del desconocimiento a la ira en segundos- ni en reflexionar acerca de las escasas playas de libertad que no están ya conquistadas por el entertainment más burdo y por el ya más que incipiente capitalismo inmaterial que se nos viene encima en nada de tiempo.

Todo esto lo sé y lo sabemos, y desde aquí pocas veces hemos hecho una mala crítica de un artista novel, de una galería que lucha por levantar el vuelo, o de una aventura incierta. Pero lo cierto es que, igual es que fue coincidencia en la programación de las galerías, pero yo me aburrí soberanamente.  Y me dirán, y me diréis, ¿y a mí qué? Si la situación es difícil, si hay que tener un ojo mirando al artista y otra mirando al mercado, lo normal es que el riesgo sea mínimo. El riesgo y la aventura. Pasar el trago, apretar el culo, y que pase esto cuanto antes.

Si ya. Pero estando aquí para lo que estamos, no creo que pase nada si uno levanta la mano, y con mucha timidez, dice que hacía tiempo que no se aburría tanto en las galerías. Y no se trata de cargar las tintas, insisto, ni contra nada ni contra nadie. Es más, somos más que conscientes que el esfuerzo es mucho. Quizá mi apunte valga solo para constatar un hecho: que, una vez más, conocemos el problema pero ni idea de cuál es la solución.

Gustarme solo me ha gustado la de Jacobo Castellano en Fúcares (aunque me gusto mucho más la de hace tres años), y la de Luis Úrculo en la Galería Eva Ruíz (aunque lo que de verdad me ha gustado ha sido la ampliación de la antigua Fernando Latorre). David Lamelas en Parra & Romero y José Dávila en Travesía 4 pasen. Y no, no me gustan ni Sicilia ni Goldblatt (al menos no en los trabajos presentados). Lo demás, en general, va de lo hiperprevisible a lo trillado, de lo banal a lo singracia.

En fin, no es cuestión de ponernos a divagar acerca de las razones. Se trata solo de una impresión, de un dato “medioambiental”, de un extraño aire de familia, de la prueba –una más- de que el arte se nos está escapando de las manos. Museos, bienales, galerías, etc: y el tedio es mortal.  
 
Y es que el arte -lo que resulte que sea el arte- funciona siempre igual: cuanto más reconcentrado, más muestra sus heridas de guerra, la idiosincrasia de su futilidad; cuanto más se le pide, menos da; cuanto más orgullosos estamos de él, más sonoras son sus carcajados. Y lo peor es que no sabemos ya que hacer con él, aunque nos gustaría matarlo.