martes, 28 de diciembre de 2010

MI PRIMERA VEZ: ARTE CON MAYÚSCULAS EN CIUDAD REAL



MI PRIMERA VEZ
CONVENTO DE LA MERCED (CIUDAD REAL), hasta el 10 de Enero de 2011.

De antológica se puede considerar la exposición ‘Mi primera vez’ que hasta el día 10 de Enero se puede ver en el Convento de la Merced de Ciudad Real. Unos mismos intereses, la casualidad de pertenecer a una misma generación, haber expuesto en la Sala El Camarote o, incluso, el haber sido la mayoría de ellos becados por la Fundación Antonio Gala, no son más que meras oportunidades para darse uno cuenta de que, una vez más, el arte patrio, pese a quién pese, sigue vivo y coleando y gozando de, como suele decirse, una mala salud de hierro.

Ni mucho menos es una muestra de tesis, ni iniciática ni tampoco generacional. Pero la totalidad de los trabajos expuesto denota una íntima preocupación de la generación más joven por las corrientes más novedosas del arte contemporáneo. Desde el dibujo y la pintura hasta el vídeoarte más conceptual, la práctica totalidad de las técnicas tienen su ejemplificación en una exposición cuya nota media apunta alto.

Además de todo esto, la muestra es una magnífica ocasión para acercarse, de la mano de cuatro artistas ciudadrealeños, al arte más local. Cristina Megía, de Valdepeñas; Juanmi, de Manzanares; Paco Leal, de Alcázar de San Juan, y el artista, además de comisario de la exposición, Cuco, de Ciudad Real, son los responsables de dar a la exposición un carácter más autóctono, además de hallar sentido al porqué de exponer precisamente en Ciudad Real.

De entre ellos, es Cristina Megía la que nos parece destila mayor precisión en sus ejercicios. Postulando una pintura extrañamente realista deudora de los modos de Hockney, sus lienzos destilan, aún en su precisión composicional, un extraño reverberar de emociones que van de la familiaridad a la congoja y la siniestralidad. Lugares vacíos, esperas desesperadas, decorados siniestramente familiares, son los temas de una pintura que nos recuerda que, efectivamente, nada es lo que parece.


Dentro también de la pintura, y además de las interesante propuestas hiperexpresionistas de XX, cabría citar a Gorka G. Herrera que con sus naves industriales cercanas al derrumbe, propone una interpretación más sincera y apocalíptica del no-lugar postmoderno: si la globalidad nos equipara a todos, es más bien en su cualidad de basurero por donde habría que empezar.

Pero la exposición, como decimos, tiene mucho más que pintura. Antonio Blázquez, más conceptual, nos acerca con un interminable y rizomático work in progress al problema de la construcción/deconstrucción de las identidades. Teniendo al dibujo como soporte, su obra se adentra por el terreno de unas subjetividades, las nuestras, construidas siempre a medio camino entre todo el enjambre de voces que nos dan y quitan voz.

También cabría destacar la obra de Torregar que, en la línea de sus preocupaciones figurativas en torno al recién nacido, propone una obra a medio camino entre lo abyecto y la instalación donde una serie de cráneos de neonatos nos seducen con experiencias que van desde el extrañeza primera hasta la familiaridad en aquello que nos une: una insoportable ausencia de identidad.

Miguel Soler, más político en sus propuestas, se adentra con solvencia en lo más vaporoso del núcleo poder/saber: colgados del techo unos bocadillos de comics con frases ya hechas nos interroga acerca de la uniformidad de nuestras proposiciones al tiempo que nos inquieta provocando una fractura entre lo que decimos y lo que pensamos o, incluso, deseamos: ¿quién dice qué?, ¿soy yo quien dice qué?

Por último, citar a Miguel Ángel Moreno que con su obra ‘La nube’, proyecto de intervención artística en el paisaje en torno a una gigantesca golosina portátil, nos conduce por los terrenos de lo naif postmoderno, más en la onda de la inocencia perturbadora que del cinismo fin de siglo.

Todo lo hasta aquí dicho, sus doce artistas y más de cincuenta obras expuestas, hacen de esta exposición una cita ineludible para todo aquel que esté interesado en las vanguardias más contemporáneas de un arte que, cabe decir, solo se disfruta viéndolo en directo.

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