viernes, 23 de noviembre de 2012

ROOM ART FAIR: REDECORA TU VIDA


ROOM ART FAIR
Hotel Praktik Metropol: 23, 24 y 25/11/12



En estos tiempos de globalización lo que no se escenifica no existe. O, dicho de otra vez, lo que no es celebrado y concelebrado, lo que no entra dentro de la fanfarria de la explosión circense y la mitología del buenrollismo, no existe.



Las coordenadas son entonces obvias y precisas: concelebrar la nada, aplaudir la inopia vivida en comunidad. Porque de eso va la cosa: verse en grupo y estar justamente ahí, donde la pamema y el cameo carnavalesco se hacen fuertes, tan fuertes como para lograr esos cinco minutos de fama que nos darán de comer para toda una eternidad. Porque cuando el ruido mediático hace efecto doopler, cuando la pulsión informativa se ha tornado en pulsión de muerte postmoderna, hacerse con un instante en la inmanencia de la pantalla global es el fin de todo acontecimiento. En el desierto de lo real, lo único que acontece es la fiesta de lo inocuo, la retrasmisión de la nadería y el mimetismo con la confabulación infantiloide que lo colapsa todo.



De un tiempo a esta parte hemos visto como el gusto dionisiaco por la fantochada está tomando tintes de obscena exhibición. Se trata de una puesta en escena calculada y medida al milímetro: el organigrama fiestero goza de todos los síntomas más precisos para lograr lo único que vale: visibilidad.



Así, el recorte de espacios remite en la actualidad a un recorte de visibilidades donde lo cibernético funciona como rizomático panel de anuncios: si ha sucedido, es que está en las redes, listo para consumir y conglatularnos todos de la cantidad de gente que ha ido a gozar del espectáculo. Porque esa es otra, que bajo el mito de las sinergias e interrelaciones, de la innovación y el feedback, el gremialismo grupal se torna en razón de ser para toda práctica, a un paso incluso de la parodia de la tribu urbana, ya se trate de vender bolsos o de vender pinturas. Siempre los mismos en las mismas partes para celebrar la nada bajo nuestros pies que nos devuelve especularmente nuestra propia imagen: el placer de habernos conocido.



Y que coste que nada de lo hasta aquí dicho supone una especial crítica para esta Room Art Fair. Simplemente es tomar constancia de donde estamos y hacia donde vamos. Es decir, saber porqué las cosas son así y porqué ahora, y no antes, tiene sentido hacer una feria de –mediocre- arte contemporáneo en un hotel de esos tan modernos de diseño. ¿Será porque el espectro del capital necesita una fragmentación más fina en el campo social para poder penetrar con más fuerza? Es decir, para quien no lo pille, ¿hasta qué nivel de “emergencia” debe de elevarse el arte para codearse con el esteticismo más cool?



Que sí, que vale, que hay que hacer comisarios nuevos, artistas nuevos, coleccionistas nuevos, hay que retrasmitirlo vía online al globo, y, sobre todo, hay que agenciarse un territorio no conquistado, un territorio donde el flanêur tecnoexistencial se encuentre como en casa. OK. Pero hay que saber que movidas como ésta, tan necesarias para mover el cotarro capitalino, tan necesarias para que la sensación de estar justo donde uno tiene que estar (¿hay sensación más excitante y retronihilista que esta de crearse la escenografía precisa para pensar que estamos en el lugar adecuado?), poco o nada tiene que ver con el arte. Tiene que ver con la emergencia y necesidad de hallar un lugar de visibilidad para crear nuevas capacitaciones en la compra-venta, para transaccionar a un nivel capaz de subsumir ese pose intelectualoide y descafeinada, adolescente y de psuedo-malditismo que exuda el arte emergente. Y para ello la táctica es seductoramente acertada, obscenamente pertinente. Pero poco más. Nada más. Y quizá, y esta es la tragedia, con eso sea más que suficiente.

3 comentarios:

  1. Sólo hay que ver la relación abstraída en el decálogo de las importancias: camisa bonita, gafas de pasta bien colocadas y figuración intelectual de pose fotográfica.
    De todo el bombardeo, sólo he podido ver personas afines al credo de lo cool, sin poder asomarme a esa excusa del arte que supuestamente es el denominador común en este tipo de propuestas y, que por la gracia de algunos, desemboca en el pastiche de la tienda de ultramarinos.

    Reconozco que preparé un comisariado para este experimento (que por sus características no tuvo buena acogida ya que 'atentaba' con la idea impecable del entorno).
    Un experimento nada nuevo, puesto que Pepe Cobo, antes de marchar a Madrid, dirigió algo parecido en un hotel sevillano llamado: Arte y Hotel.

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  2. Room Art Fair, Rizo´s, porque en ingles suena cool. Seguimos igual que en los 80, cuando al nombre de las peluquerías les añadían el genitivo sajón para darle ese aire internacional.

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  3. Javier Gonzalez Panizo18 de diciembre de 2012, 17:56

    Gracias por los comentarios, aunque con retraso. Llevais razón en todo. ahora se acerca otra: el Casa/arte, o como se llame. He vuelto a leer el texto y no quito ni una coma!!

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