miércoles, 27 de junio de 2012

JUAN CARLOS BATISTA: PAISAJES PARA LA DESMEMORIA


JUAN CARLOS BATISTA: PAISAJE AMNESICO
GALERIA NIEVES FERNANDEZ: 06/06/12-08/07/12

En la labor artística de Juan Carlos Batista (Tegueste, 1960) bien puede decirse que una preocupación principal ha vertebrado el conjunto de su carrera: la pérdida del paisaje, el olvido del hombre de unas raíces que le unen irreversiblemente con el medio natural que le rodea. Pero también el otro paisaje, el interior, el que nos toca desde dentro: las galeradas del alma que diría Machado, el paisaje interior: los paisajes que se repiten –construyen y deconstruyen- en algún lugar de nuestro interior según una temporalidad nómada, según una memoria disruptiva.


Como prueba un botón: frente a los megalomaniacos skylines de Nueva York, Chicago o demás macrourbes, Batista propuso para la II Bienal de Arquitectura, Arte y Paisaje de Canarias otro horizonte: uno construido con maderas de bosques de diferentes partes del globo y que son tratados con el cuidado de no enmudecerlas, sino alentando su respiración, la exudación del calvario de un medio ambiente a punto de sucumbir.


Si bien su tierra natal –Tenerife- sabe bien de expolios contra la humanidad, Batista amplia la mirada crítica contra un modus operandi propiamente humano que aplaude el olvido de la fisicidad del medio, de la naturaleza como lugar propio de una memoria existencial y de un tiempo que se recicla en el contacto material con el ambiente.


En esta exposición en la Galería Nieves Fernández, Batista propone dos maneras de acercarse al paisaje como nexo de unión entre lo exterior-natural y lo interior-subjetivo. El bosque, el paisaje, si ya desde el romanticismo atesoraba en torno a sus representaciones el vagabundeo nómada de la razón fracturada, de la razón que no se acopla a los beneplácitos de lo artificial, para Batista es sinónimo de una extraña alquimia: aquella que no enfrenta lo real contra lo ficticio ni la verdad contra la mentira, sino aquella que señala otra realidad, alternativa y diferente, capaz de rastrear los lugares de usurpación desde los que se ejerce la violencia de una memoria registrada siempre como al servicio de lo especulativo.


Así entonces, su poética es la de rememorar lo inmemorial, aquella capaz de darse y darnos otra oportunidad; su poética remite a la usurpación de un destino, a la necesidad de mirar mas allá de los paisajes estereotipados y manufacturados ofrecidos a una mirada adiestrada. Porque, contra el efecto alienado de la mirada, Batista nos ofrece paisajes reconstruidos siempre por primera vez, donde ninguna memoria se ha posado antes, vírgenes al poder cosificador de la representación.


Utilizando la técnica de la decalcomanía, inventada por otro tinerfeño -Óscar Domínguez- a principios del siglo XX y tan querida a los surrealistas, Batista se afana por fotografiar detalles y fragmentos para ofrecernos, como decimos, topografías desnudas y equívocos paisajes donde realidad y ensoñación se remiten el uno al otro para dar plausibilidad a lo otro: otra historia, otra memoria, otra geografía. Es decir, otra mirada capaz de enfrentarse a los despojos y reponernos de las usurpaciones –interiores y exteriores- que sufrimos.


Su obra escultórica aquí presente -12 figuras con el nombre genérico de “The black forest” - remite más bien en este caso a los miedos interiores, a la necesidad de exhortizarlos para plantar cara a nuestro carácter siempre de desposeído. Lo patológico, encarnado en el bosque como lugar del trauma, como topología no de lo enfermizo sino de una voluntad siempre nueva: sabedora de sus síntomas, el emplazamiento del bosque quizá pueda provocar un Ereignis originario, un verdadero acontecimiento donde no se transija ni se camufle lo adormecido de una realidad fantasmagórica –y tenida como completa en sí misma-, sino que queda apuntalada sobre lo disgregador y disruptivo de una yoidad siempre patológica y traumática.

Habitar por tanto el bosque, ser habitados por nuestros propios fantasmas; habitar una topología nueva, un paisaje siempre visto por primera y única vez: este es el atrevimiento que nos ofrece un artista que sabe que puede que quede muy poco para que no haya vuelta atrás.

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